Adiós Hitler

Más de 13.000 aviones participaron en el Día D

Mientras que en Italia la ofensiva aliada desembocaba el 4 de junio en la ocupación de Roma, en Gran Bretaña se estaba por poner en marcha la más grande tentativa de operación anfibia a la que el mundo hubo asistido hasta la actualidad: la Operación Overload, el gran salto a la costa francesa cruzando el mal traducido "Canal de la Mancha", el cual, dependiendo de que lado se esté se llama "British Channel" o "La Manche", siendo que "manche", en francés, no quiere decir "mancha", sino "manga" o empuñadura de una palanca o herramienta.

Las fuerzas aéreas a disposición de Einsehower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas, eran imponentes. La cantidad de aviones es estimada actualmente en más de 13.000 aeronaves:

  • 2.467 bombarderos cuatrimotores
  • 1.645 bombarderos medianos
  • 5.409 cazas y cazabombarderos
  • 2.355 aviones de transporte
  • más de 860 planeadores.

Además, había 27.000 paracaidistas y tropas adiestradas para desembarcos aéreos, con equipamiento completo de tanques livianos de 4 ton, transportados en los planeadores más grandes.

Desde fines de 1943, la 9a Fuerza Aérea de los EE UU había sido trasladada del Mediterráneo a Gran Bretaña. Estaba previsto que tanto los bombarderos pesados de la 8ª, como los de la 9a Fuerza Aérea participaran en forma masiva en las operaciones de apoyo. Los cazas de la 8ª escoltarían a los bombarderos tácticos en el frente, sobre todo con los Lockheed P-38 Lightning y los North American P-51 Mustang, mientras que los Republic P-47 Thunderbolt, serian empleados en su tarea más afín de cazabombarderos. Cada una de las dos grandes unidades americanas contaba aproximadamente con 3.000 aeronaves. El primer día de la invasión, las fuerzas americanas efectuaron 8.722 misiones y las de la RAF realizaron 5.767.

EL DÍA D

El ataque a las costas francesas comenzó en la madrugada del 6 de junio (el “D-Day”, en código), cuando 5.000 toneladas de bombas llovieron sobre las defensas de la Valla Atlántica. Los aviones de la RAF tuvieron la tarea específica de eliminar los 120 radares de diferente potencia de los alemanes, agrupados en 47 centros de observación; la operación se cumplió tan bien, que más de 100 de esos radares fueron destruidos dentro de las 24 horas anteriores al desembarco, y los alemanes quedaron prácticamente sin “ojos”.

Privados de su posibilidad de controlar los movimientos del enemigo, perturbados en las comunicaciones, engañados por maniobras evasivas e aviones y naves inglesas, sometidos a un bombardeo masivo y, además con condiciones de tiempo consideradas desfavorables para un desembarco, los alemanes fueron totalmente tomados de sorpresa.

En oposición a la impresionante fuerza aliada, se hallaba solamente la 3ª Luftflotte, que si bien en los papeles agrupaba cuerpos orgánicos de una cierta consistencia, en realidad tenía en línea 815 aviones, incluidos aquellos para tareas secundarias: una cantidad de aviones absolutamente insuficiente para obstaculizar los desembarcos aéreos aliados y para intentar neutralizar el extremado poderío de la USAAF y de la RAF.

Dada la cantidad de aviones diferentes, para la invasión, el comando aliado decidió distinguir sus propios aviones con franjas blancas y negras en las alas y en el fuselaje, a fin de evitar el riesgo de que fueran alcanzados por la artillería antiaérea amiga, durante la confusión que se produciría seguramente en el cielo sobre las playas y los lugares de desembarco.

En realidad, esta marca suplementaria de reconocimiento no sería necesaria. Solo dos Focke-Wulf FW.190 atacaron con sus armas al contingente desembarcado en el sector británico, pero sin causar daños excesivos. El día de la invasión, Sperrle, comandante da 3ª Luftflotte, podía contar solamente con 300 aviones.

En los días siguientes, la Luftwaffe trató tardíamente a recurrir a otras unidades. Desde Alemania llegaron en vuelo 200 cazas, seguidos por otros 100 en las 48 horas siguientes. Del Báltico llegaron bombarderos y torpederos, y otras centenas de diversos lugares. Una semana después del desembarco, la fuerza de la 3ª Luftflotte había aumentado para 1.000 aviones, todo en vano.

El desembarco desde el aire

Deben mencionarse en forma particular las operaciones de desembarco aéreo que habían sido planificadas a espaldas de la Valla Atlántica y en apoyo al ataque anfibio. En estas operaciones participaban la 82ª y la 101ª Divisiones de paracaidistas americanas, que disponían, en total, de más de 17.200 hombres, al mando de los generales Ridgway y Taylor. Estaban equipadas con abundancia de medios y, además, habían hecho que el lanzamiento de sus hombres estuviese precedido por el de muñecos de goma vestidos de paracaidistas y dotados de dispositivos pirotécnicos que comenzaban a estallar apenas el muñeco tocaba tierra, dando la impresión de que estuviese disparando.

Todo ese simulacro era para confundir a los alemanes acerca del verdadero alcance del desembarco aéreo. Más de 2.500 paracaidistas no volverían al pasar la lista cuando se efectuó la cuenta final. Los ingleses también habían programado un desembarco aéreo con paracaidistas y planeadores de la 6ª División, pero el resultado no fue mejor que el de los americanos.                      


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Hechos que marcaron la historia de la aviación

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